domingo, octubre 02, 2005

Como odio los textos escolares

Como odio los textos escolares, el sonido de la campana y el grito de los niños. Como odio levantarme temprano, vestir uniforme, y sentarme en el centro de la sala de clases, mirando a la profesora de matemáticas explicando una ecuación en la pizarra. Soy un chico tranquilo, ordenado y aplicado, pero con mala suerte, porque se me cae el lapiz justo en el momento que están explicando la potencia de 10 y me anotan por no poner atención.
Como odio los textos escolares, el reloj de la sala de clases que parecen no avanzar nunca, la cara del presidente, el olor a tiza que te hace estornudar. Como odio el libro Mio Cid que nunca comprendí, el Quijote de la Mancha que nunca terminé, El Diario de Ana Frank, El Gato Negro, El Lazarillo de Tormes.
Cuanto odio los textos escolares. Eran de la editorial Santillana, ilustrados a todo color, con sus "complete la oración", sus "aplique el siguiente ejercicio", sus cantos, poemas, la famosa paloma blanca y ese niño que gritaba "y entonces, entonces, entonces y entonces...", cuando un beso en la mejilla era un pecado venial, cuando peleabas con tu mejor amigo porque no te prestaba la goma de borrar, cuando tenías que ponerte ese chaleco con ese pingüino gay aunque hubiera calor, un calor que te tenía sudando toda la mañana.
Como odio los textos escolares, a la señorita de inglés, los zapatos lustrados, jugar a "Santiago, Santiago" porque nunca me llamaban a mi. Como odio las lapiceras Bic, los cuadernos sin espirales, y pedir permiso para ir al baño. Pero el tiempo avanza, y se encarga de agregarle una pisca de nostalgia por aquellos años y extrañar la época de colegio, el membrillo machucado, al Inspector Metete, la leche con nata y los galletones de avena, porque ¡¡VAYA!! Ahora Amo los Textos Escolares.

Tomás Wilson

1 comentario:

Anónimo dijo...

este es mi blog preferido, opinen por favor