martes, octubre 11, 2005

Yo Sobrevivi al Bunji jump

La vida es como saltar en bünji jump. Solo compras tu ticket de entrada, que generalmente son diez lucas, te hacen firmar un contrato donde dejas estipulado que eres responsable de tus actos y que te encuentras en tu sano juicio y luego subes por una tarima con el instructor. El instructor (su misión a fin de cuentas) comienza hablarte, con una especie de voz sedosa, suave y tu solo atinas asentir. Puede estar pidiéndote plata prestada y tu asientes, el numero clave de tu tarjeta de crédito y tu asientes, una noche de lujuria en el Hotel Plaza, y tu asientes. Asientes en todo, solo sabes que estas subiendo, y subiendo… 20 metros, 30 metros… 100 metros de altura. 200… 300… Todo parece más alto allá arriba. Y el instructor empieza a amarrarte un sin número de cinturones, que no sabes si te los está acomodando o simplemente aprovecha la ocasión para manosearte. Pero también asientes a esto. Y te hace caminar y ponerte al borde de la plataforma y miras abajo, y los curiosos son apenas puntos negros que no tienen ni manos, ojos u oído. Escuchas la sinfonía del diablo, la brisa de Dios, y tu asientes una vez más. Y el instructor te pregunta si estás listo y tú asientes. Te deja caer unos centímetros, sin soltarte del cinturón, tus pies solo tocan el borde de la plataforma, y el instructor te grita: ¡¡Vuela pájaro, vuela!! Y entonces, vuelas. Lo que quiso Galileo, lo que quiso Da Vinci, lo que quisieron miles antes que tú. Vuelas. Y escuchas un grito que está a tus espaldas, y descubres que solo eres tú, tú, tú, solo tú y el vacío que se acerca. Por que lo sientes… sí, amigos y amigas, si vecinos y vecinas. Sientes el vacío acercarse a ti, tu amiga oscuridad rozándote el alma. Y sientes la gravedad envolverte… oh, es increíble. Piensas en los ángeles, en Dios, Lucifer, en Malaquias y en el capitulo tres de Gatas Y Tuercas y sigues cayendo, cayendo… cayendo al vacío. Hasta que despiertas con un golpe, el cinturón te presiona los testículos, pero el dolor, como tus gritos, está al sur de tu mente y al oeste de tus sentidos. Y sientes como la fuerza vuelve a impulsarte hacia arriba, los rostros de los miles de curiosos giran frente a ti y vez Praga, Venezuela, Timbuktu y las Costas de Santa Elisa, y cuando todo ese girar, ese devenir se detiene, solo eres tú otra vez, quien está siendo bajado a tierra, amada tierra. Pero tiritas, y no de frío. Las manos son un caso de parkinson avanzado, y aparecen las modelos echas a mano, y te besan, y los demás aplauden. Y te entregan una polera que dice: Yo sobreviví al Bunji Jump.

Sí… así es la vida, como saltar al bünji jam: Intensa.

Pago otras diez lucas más y vamos a la segunda.

1 comentario:

Priscilla dijo...

Me sumo, yo también sobreviví al Bunji.... a mi eso sí los cinturones casi me violen... recuerdo que cuando le conté a una amiga ella me dijo:"es mejor que unorgasmo, ¿cierto?", a lo que yo pensé "¿ella habrá sentido realmente un orgasmo alguna vez para pensar eso?"... pero anyway, sobreviví, no sé si lo haría de nuevo, todo fue tan rápido para mí, ya que sólo recuerdo la sensación del aire comprimiendome en la cara y mi pelo que parecía que se iba a arrancar...bvueno amiguis, seguiré escribiendote, ya que parece qye ambos somos los únicos que nos escrimos y sobreviviremos por nuestras visitas mutuas, saludos a Tomás Wilson de Samanta Geret