viernes, diciembre 23, 2005

a pedido de mi mismo

a pedido de mi mismo publico, en su forma original y con los cortes del escritor (yo), el cuento ganador del concurso literario El Mercurio. Dejo con ustedes:

Polo Norte S/N

Érase una vez un hombre que recibió un llamado de teléfono la tarde de un 24 de diciembre. Faltaban algunas horas para navidad. El arbolito de pascua descansaba en un rincón del living de la casa, lleno de luces, verdes, amarillas, rojas, prendiendo, apagándose en sintonía con la música navideña que éstas mismas traían en una pequeña caja verde.

Este hombre se llamaba Norberto, chileno de tomo y lomo, bajo, moreno, ojos café oscuros. Se dirige hacia la mesita del teléfono, levanta el fono y pregunta:

- ¿Sí?

- ¿La casa de la familia Pérez?

- Sí.

- ¿Se encuentra el dueño de casa?

- Sí, con él ¿qué desea?

- Le llamamos del polo norte.

Ante esto, Norberto se extrañó.

- ¿Quién habla?

- Tenemos un paquete que…

- Perdone, señor. Pero no estoy para bromas -se estaba empezando a irritar-Tenemos cosas que hacer en casa y de un momento al otro llegarán las visitas, así que si no le molesta.

- ¿Usted es Norberto Pérez Alvarado? ¿De Santa Elisa? ¿Chile?

- Sí, pero quién habla.

- Usted escribió una carta el tres de octubre de mil novecientos ochenta y seis, dirigida al Viejito Pascuero. Si mis cálculos no me fallan, Ud. tenía trece años.

Extrañeza en la cara de Norberto. La verdad, pensaba que todo era una broma. Tenía

que serlo. No tenía explicación.

- ¿Papá?

Era lo único que se le ocurría. Tenía que ser papá. Era el único que recibía sus cartas. Es

más, era aquella carta la culpable, la que reveló el Gran Misterio. Sí, lo recordaba. Había escrito una carta plagada de faltas de ortografía, pero con el sentimiento que sólo un niño de trece años puede tener. Había vertido dos hojas en aquella carta, donde le contaba mucho de él mismo, de sus deseos y fantasías y sobre todo lo que quería para Navidad. Y había echado el sobre en el correo con destino Polo Norte, S/N. Pero había visto a su papá estacionando su viejo fiat 600 rojo y Norberto se había escondido. Su padre pasó cerca de él, sin verlo y se dirigió a la caja numero tres. Habló un momento con la cajera, rieron y se despidieron. Y llevaba en su mano izquierda su carta.

Y claro que era su carta, la reconocería porque la había escrito él. Y cuando se encontró con su padre en la casa y lo atacó con preguntas, su padre negó y en un acto de rabia, frustración y llanto se abalanzó sobre él, y la carta se le resbaló de la chaqueta que llevaba puesta. "Rmte Norberto Pérez Alvarado. Santa Elisa. Chile. Cuarta “rejion” para Viejito Pascuero, Polo Norte s/n con cariño".

Si, lo recordaba todo. Hasta la falta de ortografía en “región”. La pena que había sentido fue tan inmensa. Casi como si el mundo se le hubiera venido encima. Tenía trece años y un mundo de fantasías que se había hundido bajo sus pies. Se había hundido como la Atlántida.

- Papá, responde.

Del otro lado del teléfono, la voz insistió que:

- Señor Pérez, Ud. tiene una encomienda y queremos la confirmación de que…

- Papá, ya tengo treinta y un años ¡¡treinta y uno!! Ya no creo en eso. Si quieres venir a la fiesta, venga. Sabes que estás invitado. Si gustas te paso a buscar si no tienes ganas de manejar. Pero no me vengas con este tipo de bromas ahora, que estoy ocupado y quiero ayudarle a mi esposa a…

- ¿Señor Pérez? Entonces lo espero en la terminal del tren a las 12 de la noche. Hemos

tenido problemas con nuestros renos y…

Y Norberto colgó.

- ¿Quién era? -desde lejos, su esposa.

- No lo sé. No lo dijo. Pero si era mi padre vamos a tener que conversar.

- ¿Tu padre?

- Sí, mi amor. Lo que pasa es que…

-¿Qué pasa conmigo? -era su padre, ayudándole en la cocina a su nuera.

- Es que… -pero se sentía extraño, fuera de lugar.-Bueno, yo, acabo de…-miró las caras de ambos, extrañados-Olvídenlo.

Se dirigió al teléfono, que tenía la tecnología Domo. Todos los números quedaban registrados en un visor. 24122005. Se sonrío. Era la fecha de hoy.

¿Qué diablos había pedido a los trece años? ¿Qué estaba de moda en ese tiempo? La verdad ya no lo recordaba. Caprichos de un niño, seguramente. Ilusiones, irrealidades, sueños de una carta que nunca fue enviada ¿Qué era? ¿Un autito? ¿Lo último de Soda Stereo? ¿Un VHS?

La Estación de trenes de Santa Elisa no queda a más de media hora, pensó. Sin que nadie lo notara, Norberto se acercó a la puerta de calle, montó en el auto de su padre, y se dirigió hacia allá. La estación de trenes estaba poco concurrida y esperó.

- Que iluso -dijo, sin darse cuenta que lo había dicho en voz alta.
- ¿Me decía? -le preguntó el mozo que recibía la llegada del tren.
- ¿Me creerías si te digo que estoy esperando el tren del viejito pascuero?
- Pues, no.

Y ambos se pusieron a reír. El mozo pensando que era una broma, y Norberto porque sentía que se estaba volviendo loco. Hasta que de los altavoces se escuchó: “Se anuncia la llegada del tren procedente del Polo Norte. Por favor acercarse al Andén 9. Repito, se anuncia la llegada…”

Miró hacia atrás, el número nueve se alzaba grande, negro con fondo blanco y el tren se detuvo con un siseo justo frente a él. Polo Norte decía en los carros. Miles de duendecillos bailaban y hacían raras cabriolas, riendo y cantando en cada uno de los carros. Olor a heno, humedad y a estiércol llenaron el recinto.

- Paquete para el señor Norberto -dijo un duendecillo, que se había bajado, con su

sombrerito de punta roja y sus vestimentas verdes.

- Paquete para el señor Norberto - se acercó, temeroso, y tomó el regalo.

- Gracias.

- Más vale tarde que nunca señor -dijo el duendecillo, siempre alegre y feliz.


Y entró al tren que se alejó y se perdió en el horizonte. Miró al mozo.

- ¿Viste lo que yo ví?

El mozo asintió pálido.

Al regresar a la casa aceptó abrazos, preguntas curiosas y llenas de preocupación.
-¿Dónde fuiste? -le preguntó su esposa, colmándolo de besos.
- No me lo creerías nunca -abrieron juntos el regalo. Norberto se puso a llorar.

Deseo concedido -decía el papel dentro de la caja- este año habrá paz en el mundo.



2 comentarios:

Priscilla dijo...

Feliz Navidaddd!!! atrasada!!!! se me pegaron tus tres minutos... te quiero amiguis!!!!!!
besitos y abrazos de la viejita pascuera chirin

Anónimo dijo...

Te odio jajaja, este es uno de esos cuentos que me habria gustado escribir a mi jajaja, ta weeeeno , con razon ganaste , te felicito loco, ta genial, sigue escribiendo y no seai porfiado, pregunta por talleres.