Y por fin, comienza la serie de siete episodios. Así que queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo.
Luego de este rezo, sean bienvenidos a la lectura del primer episodio... Tomas Wilson, presenta:
LA CIUDAD DE LAS SOMBRAS
PARTE UNO: LAS CRONICAS DE LIAM
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12 de enero de 1986. 12:35 horas. Santa Elisa, La Serena, Chile
El doctor sale, se pasa un pañuelo blanco por sobre su frente sudorosa. Toma su Maletín, que había dejado en el suelo, y sigue avanzando.
-¿Cómo estuvo el parto?-le pregunta el jardinero, que poda unos rosales.
-De los mil demonios-le responde. Cierra el portón, y desaparece de la vista.
Y así fue la vida de Liam. De los mil demonios. Mucho antes del Holocausto, mucho antes del fin del mundo. Mucho antes incluso, que la Ciudad de las Sombras.
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I.- LA CIUDAD DE LAS SOMBRAS:
LAS CRÓNICAS DE LIAM
Mi nombre es Liam. Solo Liam. Para los amigos, ya saben. Escribo esto para que cuando la humanidad vuelva a restablecerse sirva de referente y aprendamos de nuestros riesgos.
¿Dónde me encuentro? En el Hospital General de Santa Elisa
¿Qué hago aquí? Refugiado.
Miles de personas se han refugiado aquí. Las salas están llenas. Enfermeras y doctoras atienden a los enfermos, pero son enfermos que no tienen vuelta. Están infectados
Sí. Mi vida siempre ha sido de los mil demonios. Ya quisieras tú estar en mi zapatos.
Mi nacimiento fue complicado, me lo cuenta mi tía que me cuidó durante toda mi vida, hasta que tuve la independencia necesaria para irme de casa. Y el doctor salió sudoroso del hogar.
Mi nombre es Liam. Estas son mis crónicas.
A los cinco años, recuerdo, me encontré un par de lentes debajo del sofá. Era una casa nueva, recién adquirida. Nunca supe como llegaron esos lentes a ese lugar. Y dentro de mi imaginación pensé que el sofá era una especia de puerta hacia otra dimensión, y muchas veces quise colarme dentro. Y claro que lo intenté, y como dije, mi vida es de los mil demonios: me quedé atrapado, estornudando una y otra vez por el polvo que había dentro. Cinco años, mis habilidades motoras no del todo desarrolladas. Mi tía se asustó, llamó a los bomberos. ¡¡A los bomberos!! Ja! Me acuerdo y me da risa. Tenía solo cinco años y ya me estaba metiendo en problemas.
Cinco años. Atrapado debajo del sofá. Me subo a un columpio, me cargo hacia el lado correcto y me doblo la mano ¡¡es una lata tener el brazo escayolado!! Que juego con una pelota, la pelota va en dirección equivocada, yo detrás de la pelota. La pelota cruza la carretera, y los autos pasan de un lado a otro. Un micro revienta mi pelota, yo me pongo a llorar. Y me pongo a llorar, porque así como revienta la pelota aquel micro, pudo haberme reventado a mí también. Seis años, siete años. Tuve un gato. No había día que no amaneciera rasguñado. Pero eso era lo de menos, hasta que me atraganté con una bola de pelo de gato que el doctor (el mismo que estuvo en mi parto) sudoroso como siempre me la hacía vomitar. Era un problema, es verdad. Mis tíos no podían creer la suerte con la que había nacido. Todo mal.
Incluso la edad que todos conoce como la del pavo fue toda una revelación. Tenia doce años cuando mis movimientos motoros empezaron a ser más torpes que antes, casi como si tuviera cinco años otra vez. Y botaba las cosas, y los chicos se reían de mí ¡Allá va el estúpido! ¡Miren, que torpe es! Y tenía que tragarme todas esas humillaciones. Pero la vida es tan accidentada como el amor. En 1998 conocí a la mujer de mi vida, otro accidente en mi largo recorrido. Y solo tenía catorce años y toda una vida por delante.
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12 de marzo de 2000. 17:55 horas. Santa Elisa, La Serena, Chile
-¿me lleva por cien?-le dice Liam al chofer, pero el chofer se niega y no lo deja pasar. Queda abajo, se da vuelta y choca con una persona. De frente. Cuando alza la mirada, todo adolorido, se da cuenta que es su doctor de siempre.
-Chiquillo, tu siempre me trajiste problemas-le dijo, sudoroso-.Y pasas la vida metiéndote en problemas.
Y se fue, dejando a Liam con el “hola” en su lengua. Se dirige a otro micro y otra vez le niegan la entrada. Así que decide irse caminando. Y mientras camina, decide cruzar la calle y un auto hizo chirriar sus neumáticos. Pero se detuvo, a escasos centímetros de él. Y se bajó ella. Ella. Antes del fin del mundo, antes, incluso, que la ciudad de las sombras.
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Sí. Es verdad. Llevo una vida de los mil demonios. Ya quisieran UD estar en mis zapatos. No es fácil. Primero, la mujer, encontrando la mejor manera de insultarme, encontró nuevas palabras y conjugaciones exquisitamente malsonantes que danzaron en mis oídos. Pero todo eso fue como un sueño vivido por otra persona, por otro Liam, un Liam que estaba atado desde un cordón umbilical fosforescente que no dejaba de brillar. Nunca había visto una mujer enojada más hermosa, tan única, recortada de una irrealidad, una categoría de imagen allí, táctil, febril, una bomba atómica en potencia. Por extrañas razones que no comprendo, a las personas cuando están enojadas se les caen las cosas. Es una especie de ley de la vida. Y cuando vi que su nombre era Karina todas las luces en mi corazón se iluminaron. KA – RI – NA
Mi nombre es Liam. Estás son mis crónicas. Por ahora voy a dormir. La enfermera Dolores ya no viene por aquí ¿les dije que estoy en un Hospital? Si les dijera que está la media cagá allá afuera…
Liam… que nombre ¿quieren saber quien me puso así y porqué? Otro accidente en mí accidentada vida. Pero mañana. Ahora a descansar y disfrutar del fin del mundo.
Cuando vino el doctor, con su maletín negro y su andar apresurado, sudorosa la calva y atendió a mi madre, lo primero que dijo fue que se relajara. Que por favor se relajara y le dio un palo a morder. Era nuestro médico de cabecera, le hacíamos caso en todo, así que si decía que había que morder un palo para no gritar, nos poníamos el palo, mordíamos lo más fuerte y todo salía a pedir de boca. Obviamente, a ese médico le quitaron la licencia, pero eso es una historia para más adelante. Lo importante es que vean a mi madre, sus piernas abiertas, mordiendo un palo y sudando a mares, mientras el doctor le grita ¡PUJA! ¡PUJA! Y todos los músculos empiezan a expectorar. Mi padre mira, y dice:
-Es un niño-pero bajito, muy bajito. Y salgo yo, lleno de sangre y rodeado de la membrana chorreando líquido amniótico y llorando, llorando, llorando. Solo percibo amor, paz, luces, manos que me toman. Me ponen sobre mi madre, y empiezo a mamar. Y lo que no sabe mi padre, lo que no sabe el médico de cabecera, es que mientras tomo leche de mi madre, mi madre está muerta. Y mi padre mira con ternura como bebo de la leche de mi madre, y el doctor se limpia la sangre de las manos y bota el cordón umbilical a la basura. Y yo mamo, succiono del pezón la leche que me da fuerzas, que me da las vitaminas necesarias para luchar contra el mundo. Pero mi madre está muerta, muerta, muerta, muerta, muerta…
El doctor sale, se pasa el pañuelo blanco, sudoroso y el jardinero, que poda unos rosales le pregunta:
-¿Cómo estuvo el parto?
Y el aludido responde:
-De los mil demonios.
¿Y dónde diablos se metió Dolores? Dolores es mi enfermera ¿se los dije? ¿Les dije que estoy en un hospital, cierto?
¿Cierto?
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17 de febrero de 2005. 19:29 horas. Santa Elisa, La Serena, Chile
Hospital General de Santa Elisa. Enfermeras, doctores, atienden a miles de pacientes. Algunos ya no tienen caso. Otros, simplemente esperan. Dolores, la enfermera, se acerca a Liam, que dobla un cuaderno de notas y la recibe con una sonrisa.
-¿Todavía escribes esto?-le dice.
-Por lo que veo ya te dije lo que estoy haciendo.
La enfermera Dolores anota en sus apuntes: Los cuadros de pérdida de memoria se acentúan. Avisar al doctor MCnat
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Éramos tan felices. Y eso que no siempre veía a mi padre. Era una gran persona. Ahora vivo con mis tíos… es decir, ahora vivo en un Hospital, pero antes vivía con mis tíos. Y mucho antes con mis padres. Pero mi madre murió. Yo tomaba leche abrigado en el calor de mi madre, pero mi madre estaba muerta ¿Ya les dije porqué me pusieron Liam? Fue el 14 de febrero de 2005, ese día fue. Cuando vi por primera vez los titulares. La llamaban la muerte asiática. Comías mariscos o cualquier producto del mar y adiós. La vacuna todavía no era encontrada. La cura estaba escondida, y algunos rumores decían que se encontraba en el Hotel Santa Bárbara, en el piso catorce. Pero el problema era mucho mayor que un simple bocado infecto. Salió en los periódicos locales, y en grandes letras grandes ¡¡LOS MUERTOS CAMINAN!! Y una extensa columna explicando que estos seres se estaban alimentando de nosotros mismos. Y cualquier rasguño, o mordedura de estos seres, estabas infectado. Y los miembros del Hospital General anunciaron que trabajarían con los infectados, que hallarían la cura, tarde o temprano. Sin embargo, el Hospital se llenó, el sistema colapsó y sólo nos están entregando herramientas para un buen morir. Algunos pidieron cartas de sus familiares, otros fotos de su nacimiento. Yo pedí llamarme Liam.
Sí, justamente. UD lo dijo primero que yo. Como Liam Nelson.
Y yo tenía como siete años, cuando mis tíos me llevaron a su casa, porque mi padre había muerto.
Había muerto y yo estaba ahí para presenciarlo. Nunca quise presenciar la muerte de mis padres ¿Alguien quiere? Pero el motivo de quien me puso Liam, cuando me subí a un columpio y me incliné al lado equivocado. Y tenía como 20 años cuando llegué a casa de mi novia ¿Les hablé de mi novia? Allí viene Dolores. Hace sus anotaciones y se ve. Tan eficiente. Nos vemos.
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20 de febrero de 2005. 19:34 horas. Santa Elisa, La Serena, Chile
La enfermera Dolores hace sus anotaciones: “Liam demuestra una degradación en la piel. Su forma de pensar se ha vuelto abstracta. Sus escritos cada vez son mas incoherentes.”
-¿y?-le pregunta el doctor, a un costado de ella.
-La enfermedad está dominándolo.
El doctor lo ausculta, le toma la presión.
-Está helado ¿dijo como quería morir?
La enfermera asiente.
Dijo como quería morir. Todos lo habían dicho en su momento.
Todos
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Me pica. Me ha picado todo el día. Que molesto ¿les conté cómo había muerto mi papá. Bueno, yo tenía un triciclo, tenía como 13 años, y mi perro Rasputin, que me lo compró el ti de un amigo de mi vecino… o sea… este amigo conocía a mi papá ¿cachai? Y una vez cuando desperté estaba mi abuelita, y me dio un abrazo tan rico. Sentí su cariño emanar de los poros. Yo tenía como 20 años. Dolores, ¿Dónde está Dolores? Me pica.
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25 de febrero de 2005. 2:37 horas. Santa Elisa, La Serena, Chile
Los zombis logran echar abajo el bloqueo para entrar al Hospital. Gritos, alaridos. Las enfermeras se quedan con sus pacientes. En un rincón, un niño llora porque sabe… sabe… sabe… a sus cuente años sabe que va a morir. Que todos allí dentro van a morir. Y una horda de zombis, miles, tal vez billones, empujándose unos a otros empiezan a invadir el lugar, cuarto a cuarto, rincón a rincón.
El fin del mundo, nena. El fin del mundo en la Ciudad de las Sombras
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Me pica… me pica ¡Dolores! ¡Dolores! Hambre. Sed. PicorEEEEES… haaaaaaaaambreeeeeeeeeeeeee iebwsbnddnolxwkqa
nota del autor: ESPERO HAYA DISFRUTADO DE ESTA PRIMERA ENTREGA ¿QUIERE DISFRUTAR DE LA SEGUNDA? CORRA LA VOZ, NECESITO CUATRO PERSONAS QUE DEJEN UN POST. EN EL PROXIMO EPISODIO DE LA CIUDAD DE LAS SOMBRAS PRESENTAREMOS : CARTAS DESDE EL INFIERNO